¿Sientes que tus dones están bloqueados?

21.11.2021
Había una vez un bosque de esbeltos y magestuosos pinos. Cada año en el momento oportuno las piñas maduras se abrian poco a poco bajo los rayos del sol. De cada una de esas piñas salian pequeñas semillas aladas, pequeños piñones que gracias al viento se alejaban y tomaban distancia haciendo crecer la superficie del bosque. 

Algunas de aquellas semillas caían en tierra fértil y rápidamente germinaban y empezaban a expresar su verdadera naturaleza.

Otras caían sobre rocas y se las apañaban con la poca tierra que tenian para ir creciendo poco a poco a pesar de las difíciles circunstancias.

También las habia que acababan viajando en el estomago de algún ave y de esta manera llegaban lejos, muy lejos  y al ser elimindas  del cuerpo del pájaro tenian la posibilidad de ser el inicio de un nuevo bosque en otras latitudes.

Pero tanto las unas como las otras tenian que vivir un duro proceso en el que la confianza en si mismas era básica para poder desarrollar todo su potencial.

Este proceso implicaba entre otras cosas, tomar distancia del árbol del que formaban parte, de la comunidad, para inicar su propio camino en soledad.

Un camino lleno de incertidumbres y con muy poco equipaje, un camino hacia lo desconocido guiado únicamente por un latido interno que le dice que es más, mucho más que una pequeña semilla, pero aún no sabe el qué.

Es un camino doloroso que implica sumergirse bajo tierra, entrar en el sueño más profundo, renunciar al mundo conocido, para sí tiene suerte, en un lapso de tiempo indefinido, brotar y despertar transformada.

Este viaje la pequeña semilla lo inicia sin certezas ni información alguna sobre quién es. Poco a poco se va descubriendo a si misma en cada parte del proceso. Y según va rompiendo la cascara va dandose cuenta de que aquello que la protegía a la vez la limitaba,  que lo que sentía como su tumba oscura en realidad era  el principio de su nueva vida.
Y asi la semilla va descubriendo que para crecer hay que renunciar y morir, atreverse y arriesgar. Arriesgarse a perderlo todo, incluso la vida. Renunciar a lo que sabemos sobre quienes somos. Atrevernos a equivocarnos. Morir a lo conocido.

Y un día la pequeña semilla se descubre a si misma soltando desde sus piñas maduras de gran pino, nuevas semillas que poblaran la tierra y que sí tienen suerte y se atreven a florecer, se convertirán en nuevos y espléndidos miembros del bosque.  

A traves de este pequeño cuento he querido ilustrar como todos somos mucho más de lo que parece. Todos, al igual que la semilla, traemos un inmenso potencial oculto por descubrir. A veces las circunstancias de la vida nos lo ponen más fácil y otras mucho más difícil. A veces el entorno nos apoya para expresar lo que realmente somos y venimos a hacer y otras solo nos pone la zancadilla y nos desvia de nuestro verdadero camino.
El proceso de auto descubrimiento suele ser lento y muchas veces doloroso, pero sí cuentas con una ayuda experta que te acompañe en el camino se puede evitar gran parte de la carga, o al menos al compartirla conseguir que sea menos pesada.
Desde aquí me ofrezco a colaborar contigo para tu florecimiento, para apoyarte en encontrar tu camino sí te sientes perdido, a que te comprendas mejor a ti mismo, a que entiendas de donde vienen tus bloqueos y como superarlos.

A que conectes con la inmensa fuerza, sabiduría y poder que hay en ti y a que la puedas desplegar y ofrecerla al mundo.