El Arte de la Meditación

27.04.2021

La meditación es un arte, un arte que nos llegó de oriente para quedarse. La meditación hunde profundas raíces en el budismo y el yoga. La versión occidentalizada que más difusión ha tenido en los últimos años es el Mindfulness o mente en calma.

Desde hace décadas se estudia el poder sanador de la meditación y la oración. Aunque hay una diferencia significativa entre ambas. Mientras que cuando entramos en meditación lo hacemos para escuchar, cuando entramos en oración lo hacemos para que se nos escuche. En la meditación entramos en el silencio con la intención de conectar con nuestra conciencia o guía interna o ser superior o Dios, para recibir orientación y guía. Y lo hacemos manteniendo el silencio y la escucha. En la oración lo que hacemos es hablar para que una divinidad externa acoja nuestras suplicas y plegarias, somos nosotros los que hablamos con la esperanza de que Dios nos escuche. Otra diferencia básica entre ambas es que en la primera esperamos que de algún modo nos llegué lo que tenemos que hacer y en la segunda somos nosotros los que le decimos a Dios lo que tiene que hacer o esperamos que haga por nosotros.

Por lo tanto, nunca vamos a entrar en meditación para contar nuestros problemas o esperar que Dios haga nada por nosotros. Entramos en meditación para conectarnos a la Conciencia Mayor o Dios, al Espíritu, para sentirle, escucharle, recibir su guía, ponernos a su servicio...pero no para decirle lo que tiene que hacer o para que nos solucione la vida.

De ahí la necesidad de mantener la mente en calma, libre de ruidos y pensamientos que nos dificulten la escucha. Además de porque los pensamientos crean distorsiones en nuestra realidad y así evitamos crear realidades que nos puedan resultar incomodas de vivir.

Y eso es en realidad lo que estamos haciendo todo el tiempo, todo lo que vivimos lo estamos creando cada uno de nosotros constantemente. Nuestra vida es un reflejo de los miedos, dudas, incertidumbre, creencias que tenemos en nuestra mente. Así como de las emociones que rigen de forma prioritaria nuestro estado de ánimo. Porque cada vez que la mente y el corazón se alían en coherencia, se manifiesta en este mundo de densidad algún escenario concreto que nos va a tocar atravesar.

Así que, mientras más en calma mantengamos nuestra mente menos distorsiones vamos a crear, menos ondas interferirán y nuestra vida será más un reflejo de la paz y la quietud interiores que vayamos conquistando.

Por lo tanto, solo debemos entrar en meditación a escuchar al Silencio, con la mente en calma, y observando como nos vamos sintonizando y armonizando con la Conciencia Mayor. Y así, poco a poco, nuestra vida irá siendo un reflejo de la misma Conciencia Creadora, y de todo su bien y abundancia.

Y aunque en algún momento podamos iniciar nuestra práctica con una intención que la dirija, esta siempre debe quedar fuera en el  momento de entrar en el silencio, porque en este espacio sagrado de paz interior, la única voz y el único pensamiento que debe reinar es el la del Uno.