El miedo señala el camino

14.12.2021

Hace unos días tuve un enfado con mis padres. El motivo de la discusión no es importante, lo importante es que se sintieron muy dañados por mi reacción y algunas cosas que dije, pero yo no podía resolverlo a causa del miedo.

Así que mi estrategia fue dejar pasar el tiempo para que bajase la ola emocional y las aguas volvieran a su cauce de forma natural, pero parecía que mis padres no iban a dejar que el tema se resolviese por si mismo. Exigían una reparación. 

Yo podía reconocer en mí la aversión a ponerme en contacto con ellos por miedo a que sacaran el historial de todos mis errores pasados, pero también era capaz de ver que la demora que me producía no saber resolver el miedo estaba empeorando las cosas. Era perentorio que enfrentara esa emoción para retomar la relación. Porque justo lo que yo quería, estaba al otro lado del miedo...

El miedo es el que nos paraliza en el momento de tomar decisiones en cualquier aspecto de nuestra vida. Y generalmente el miedo está engordado y magnificado por el ego, por el parloteo de la mente que nos avisa de mil catástrofes. El miedo es como una larga sombra, un fantasma, porque en realidad no nos habla de nada real y solo está en nuestra imaginación, aunque a pesar de ello tenga la capacidad de crear en nosotros un gran malestar.

La estrategia para enfrentar el miedo es confrontarlo, atravesarlo y así darnos cuenta que no tiene poder sobre nosotros, que no es un poder real, que nada de lo que nos esta avisando tiene entidad propia.

¿Cómo transitamos el miedo?

Vamos a utilizar un ejemplo para explicar esta parte. 

Imaginaros que estamos en una sesión de meditación con las piernas cruzadas y nos empiezan a doler las rodillas, ante esto tenemos tres opciones: podemos sufrir y soportar el dolor hasta que se acabe la meditación, podemos levantarnos y mover la pierna, o incluso estirarla sin levantarnos, o bien podemos observar el dolor. 

Este último sería el camino del medio, este es el lugar desde el que no etiquetamos lo que nos sucede, no etiquetamos al dolor como insoportable aunque no nos guste. En esta opción decidimos observarlo y ver que nos trae, cual es la información que hay ahí para nosotros.

Con el miedo es lo mismo. Nos han enseñado a evitar lo que nos da miedo y a veces eso si es adecuado, aunque culturalmente el miedo ha sido utilizado como medio de control. Por lo que mirar más allá del miedo nos libera y nos da opciones. Porque si miramos lo que nos da miedo se expanden nuestros límites y nos damos cuenta de que somos mucho más capaces de lo que pensábamos una vez nos liberemos de él. Y para liberarnos suele ser suficiente mirarle a la cara, porque en realidad el miedo lo único que quiere es ser visto, llama nuestra atención para ser reconocido y amado, porque todos, todos, solo queremos amor.

Tenemos que ser capaces de mirar el miedo desde un lugar neutro, desde un vacío mental sin cargarlo de etiquetas, atribuciones y conceptos, sin juicios. Aceptarlo como una experiencia emocional más, sin sentir rechazo por él y por la incomodidad que nos supone. 

Hacer esto parece difícil porque no nos han educado para ello, estamos educados para preferir lo que nos resulta cómodo, o más bien para sentir como cómodas y agradables unas sensaciones sobre otras. Por ejemplo, se nos ha educado para preferir el sabor dulce y el salado sobre el ácido y el amargo, pero eso no significa que sean mejores. Así, se nos ha educado para preferir la alegría a la tristeza o el miedo, cuando todas son emociones humanas y cada una es adecuada para un momento vital distinto. Lo adaptativo sería poder sentirlas todas, aceptarlas todas, observarlas con amor a todas y abrazarlas para poder recibir de ellas la información y el tesoro que esta esconde.

Amarlo todo es la respuesta, amar el miedo y lo que nos causa el miedo, aceptar el miedo y  su causa. Esto evitará respuestas evitativas de huida y los límites de nuestro mundo se ampliaran con lo que tendremos acceso a lo que hay detrás del miedo.

A su vez el miedo nos impide hacer muchas cosas que nos resultarían muy enriquecedoras, nos bloquea y nos paraliza, pero en cambio lo damos por bueno, le dejamos que nos inunde y para evitarlo cogemos otro camino no tan atractivo, no tan brillante pero si más cómodo. Pero somos seres poderosos que nos merecemos lo mejor y lo mejor no suele estar en el camino más fácil. 

...Cuando  me di cuenta de que el miedo estaba haciendo que no fuese capaz de llamar a mis padres para decirles cuanto  sentía lo que había pasado, decidí trabajar mi miedo y sus causas. Estuve haciendo el trabajo junto a una buena amiga terapeuta. El trabajo que hicimos  me vino bien, pero no fue suficiente. Hasta que no decidí amar el miedo y todo lo que había detrás de ese miedo y ese dolor plenamente, no se obró el milagro.

Cuando lo conseguí, supe que todo se había solucionado, todo estaba resuelto en mi, todo estaba trascendido, entendido y con ello amado.

Si quieres que te muestre como amar aquello que te atemoriza, aquello que más dolor te causa y el motivo de tus bloqueos, si quieres que te acompañe en este desafío que te abrirá las puertas a una nueva vida, aquí estoy, puedes contar conmigo.


Mi agradecimiento a Cochi y a Antonio por acompañarme en este proceso que no hubiera podido hacer sin ellos.