La TRE y el Miedo

19.05.2021

Hace unos años visité a mi hijo @javiguzmanguiadeaventura a su primer trabajo. Este consistía en desarrollar actividades de escalada para una empresa multiaventura con sede en Sabiñanigo.

La empresa disponía de un piso en esta ciudad donde convivían durante toda la temporada de verano todos sus trabajadores, que al final eran tres, incluido el dueño de la empresa y mi hijo.

El jefe tuvo el detalle de invitarnos a pasar una semana con ellos para que pudiera conocer la zona y de paso ver a mi hijo, ya que se tiró los tres meses de verano fuera de casa.

En los ratos libres de los que disponía, Javi nos acompañaba a mi hija mayor y a mi a conocer diferentes paisajes de Pirineos. 

Recuerdo que nos preparó varias actividades, alguna más complicada que otra. Nos dimos un paseo por el Valle de Ordesa, ellos hicieron la vía Ferrata del Sorrosal en el pueblo de Broto, todos juntos hicimos la vía Ferrata de Santa Elena en Biescas, recorrimos el Barranco de Basender en la Sierra de Guara y descendimos el Barranco del Susu en el Pirineo Frances.

Todo estaba muy bien hilado para que una persona sin experiencia en barranquismo como yo pudiera acometer la última actividad con cierta tranquilidad y nivel de competencia.

Está claro que cada una de estas actividades era más difícil que la anterior y servía de preparación para la siguiente. Por ejemplo, el Barranco de Basender, un barranco seco, terminaba con un rapel de 20 metros, cosa que nos ayudaría a entrenarnos para el rapel que discurría dentro de una cascada de agua al final del Susu.

La cosa es que yo estaba muy ilusionada con esta actividad a la que tanto mi hijo, como todo el equipo, habían dedicado tiempo y preparado con esmero para hacer algo asequible a nuestra poco experiencia, así como entretenido y disfrutón.

Pero la noche de antes, después de tener ya todo preparado para la aventura, a mi me entró el pánico escénico y me pasé toda la noche sin poder dormir presa del miedo y la ansiedad.

Entre sueños hacía planes de levantarme temprano para decirle a mi hijo de forma solemne que a pesar de todos sus esfuerzos para buscar una aventura a mi alcance, yo no iba a ir. Me visualizaba explicándole los mil motivos de mis miedos e inseguridades a él y a su jefe mientras nos tomábamos un café. Veía la cara de desilusión de mi hijo mientras sentía en mi propio cuerpo la derrota por no haberme atrevido. Pero era imposible, no lo podía superar. Solo yo sabía lo mal que lo había pasado en la Ferrata Santa Elena presa del vértigo y del calor húmedo de las dos de la tarde en Pirineo. Y habiéndome parecido esto fácil en un principio, no me quería ni imaginar el suplicio de descender el Susu, en una cara norte con el agua congelada y con la dificultad añadida de moverte dentro de un neopreno.

Pero por casualidades de la vida yo me había llevado los gráficos de la TRE y el péndulo, y cuando ese día me levanté preparada para pasar por el bochorno de hablar con mi hijo y su jefe para decirles que era una rajada, algo me dijo que preguntase al péndulo.

Así que ni corta ni perezosa cogí mis gráficos de TRE y comencé a mover el péndulo sobre ellos preguntando sí podía hacer el  descenso del Barranco del Susu. El péndulo me dio claramente  un NO. Entonces, lejos de quedarme tranquila con la respuesta y sentir que ya tenía justificada mi retirada de la actividad, me sentí dolida en mi orgullo. Y sintiendo la picazón del orgullo, hice una segunda pregunta ¿Por que no lo puedo hacer?. El péndulo me llevó al gráfico 6A y me señaló el miedo, a la vez que escuchaba a mi voz interior que me decía claramente: porque tienes miedo. 

Nada nuevo por otra parte, nada que yo no supiera, pero que dicho de esa forma me movía a buscar una solución, así que hice una tercera pregunta: ¿Y si me limpio el miedo puedo hacer el barranco? La respuesta fue un impresionante y rotundo SIIIII que no dejaba lugar a dudas.

Pues ya que estaba realice la sesión y puse la intención, no solo en limpiar el miedo, si no en poder disfrutar de la actividad a tope.

Cuando llegamos a la zona nos pusimos los neoprenos y comencé el descenso con total calma y seguridad, completamente libre de miedos y disfrutando plenamente de cada paso, de cada tobogán y cada rapel, de cada cascada y de cada poza de agua esmeralda y helada que para mi tenían la temperatura perfecta. Todos estaba boquiabiertos de mi desenvolvimiento en el agua así como maravillados por mi sentido del humor, mi alegría era contagiosa.

Este fue mi bautizo en un barranco de agua y puedo decir sin lugar a dudas que lo pude afrontar gracias a la ayuda de la Terapia de Respuesta Espiritual, porque el miedo que tenía la noche anterior, nos hubiera puesto en peligro a todos si me arriesgo a hacer la actividad sin haberlos limpiado.

Así que doy gracias por disponer de una herramienta tan efectiva y de eficacia comprobada.

Aquí abajo dejo un enlace al video de este épico descenso.