Que la Paz sea tu único Propósito

30.04.2021

Hace unos diez años recibí la llamada de una amiga contándome el difícil caso de una compañera de trabajo. Era una joven de veintitantos años que desde los tres sufría de terrores nocturnos. Todas las noches tenía terribles pesadillas en estado de sonambulismo. En estos episodios nocturnos gritada, golpeaba, daba patadas...durante horas. Los padres la habían llevado a toda clase de especialistas, le habían realizado todos los estudios neurológicos y del sueño pertinentes y no había habido resultados. Así que la solución adoptada fue cerrar la habitación por la noche y dejarla con sus terrores ya que al menos al día siguiente no recordaba nada de lo sucedido por la noche. Y aunque se levantaba agotada, al no haber memoria, no había sufrimiento.

El problema llegó cuando esta persona se fue a vivir con su novio. A los seis meses este le dijo que ya no podía más, que lo solucionaba o la dejaba.

Así que a mi amiga se le ocurrió pasar a la chica mi contacto a ver si yo la podía ayudar. Tengo que decir que lo primero que le dije a mi amiga fue que me parecía imposible que con mis herramientas pudiera hacer algo por esta persona si ni los psiquiatras ni los neurólogos lo habían podido hacer. Pero mi amiga insistió en que le diera una cita y que hablase con ella porque seguro que de algún modo le podría ayudar, aunque fuera simplemente escuchándola.

En aquel entonces yo pasaba consulta en una céntrica sala de Madrid que alquilaba por horas. Ella llegó muy puntual a su cita. Comenzó a contarme su problema y yo mientras la escuchaba empecé a recitar el mantra de la terapia que acababa de aprender ese mismo fin de semana, simplemente para practicar pero con cero expectativas. Así que mientras ella avanzaba en su relato yo iba repitiendo aquí no pasa nada, aquí no pasa nada, aquí no pasa nada...

Ese día, además de usar esta técnica recién aprendida en la cual no tenía ninguna experiencia, le formulé un compuesto de flores de Bach. Allí mismo le preparé una formula personal con siete flores que me parecieron las más adecuadas para su caso. Y para concluir la sesión invité a mi clienta a que meditásemos juntas, algo que también se hicimos en el curso de la Terapia del Alma que acababa de recibir.

Recuerdo que seguí todo el procedimiento aprendido al pie de la letra, primero negué el espejismo o error y luego afirme la verdad del Ser para todos los implicados afirmando que "tú y yo somos uno, yo soy uno con Dios, luego aquí solo está Dios". Para a continuación hacer una profunda meditación sobre la energía de la paz, buscando sentirla y conectar con ella. Recuerdo que cada vez iba más y más profundo entrando en el fondo de conciencia para sentir únicamente paz, paz azul, paz espiritual, paz divina, paz de Dios.

Cuando nos despedimos le di cita para un par de semanas más tarde e instrucciones sobre cómo debía tomarse las Flores de Bach.

A los quince días cuando volvimos a vernos le pregunté que qué tal había ido todo y me contesto que bueno...yo le dije, define bueno. A lo que ella me contesto que desde el mismo día de la primera consulta no había vuelto a tener terrores nocturnos, según le había contado su pareja. Yo me quedé boquiabierta y lamenté no haber tomado nota de una formula de Flores de Bach tan brillante que ya desde la primera toma había funcionado. Tras indagar un poco más pude ver que realmente el problema se había resulto por lo que no tenía sentido que tomara cita para otra consulta. Así que aquí terminó mi intervención y nuestra relación.

Cuando yo me subí al coche para volver a casa yo iba entre contenta y asombrada. No podía entender que las flores hubiesen sido la causa de este resultado porque yo sabía que las flores no funcionan así. Por más que le daba vueltas en mi cabeza no lograba entender unos efectos tan asombrosos, hasta que de repente recordé que durante la sesión había estado contrarrestando el espejismo de su malestar con la afirmación de que allí no pasaba nada y que para concluir habíamos meditado en La Paz.

Si antes me había sorprendido, ahora estaba completamente segura de que acababa de presenciar un milagro, ya que ni siquiera la suave  y sutil materia de la terapia floral había intervenido en el resultado.

Casi sin quererlo había realizado mi primer tratamiento metafísico y los resultados habían sido absolutamente asombrosos. 

Durante todo el camino de vuelta a casa estuve analizando la sesión intentando ver el mecanismo subyacente a esta sanación, y solo podía ver la mano de Dios en todo el proceso porque lo que era claro y evidente para mí es que yo no había hecho nada de nada para que esto sucediera, únicamente sumergirme en la meditación buscando sentir en mi corazón la Paz de Dios.

Pero ya lo dice Un Curso de Milagros, que la paz sea tu único propósito. Ese día entendí porqué.