Todo me refleja

02.04.2021

Ayer saqué a pasear a una de mis mastinas. A la vuelta del paseo nos cruzamos con un grupo de chavales adolescentes mal encarados. Mi perra se puso a mirarlos con curiosidad mientras se acercaban. En un momento dado ella hizo amago de oler a uno de ellos acortando para eso la distancia. El joven le increpo de forma agresiva que se alejase. A mi me resultó molesto e inadecuado su gesto agresivo y me sentí casi ofendida.

Por la noche volvíamos de pasar el día en el campo y nos cruzamos de nuevo con el mismo grupo, al que en esta ocasión se les habían unido unos cuantos más. En total eran una docena de adolescentes, más o menos, que surgieron en medio de la oscuridad de la noche. Yo llevaba a mis dos mastina, que se pusieron a ladrarles y a las que me resultó difícil controlar.

En ese momento pensé que eran los mismos desagradables chavales de por la mañana, mal encarados y mal educados.

Hoy al volver del paseo matutino, de nuevo nos los hemos encontrado. Esta vez estaban jugando al futbol en los soportales del edificio con música de bacalao puesta a todo volumen. Al verlos me he sentido predispuesta a pensar mal de ellos, pero quizás porque la música me molestaba más que su presencia, mi mente se ha quedado parada en observación, he conservado la mente en blanco podríamos decir. Y en ese momento de vacío se ha creado el espacio necesario para que de mi conciencia surgiese este pensamiento: ellos también son expresiones de Dios, aquí solo está Dios.

Con eso en mente he avanzado hacía el portal, y el mismo chaval que ayer se mostró tan desagradable con mi perrita hoy la ha tratado de forma completamente distinta. El grupo se ha acercado a ellas a darles mimos y a comentar lo simpáticas y bonitas que les parecían.

El cambio ha sido increíble, pero ese cambio, donde ha tenido lugar ha sido en mi percepción, en la percepción que he tenido de ellos y luego ellos me lo han reflejado. Ellos la primera vez se mostraron desde el ego separativo, siendo desagradables ante mis ojos, la segunda vez yo ya estaba predispuesta y juzgué en base a la apariencia de la primera ocasión. Pero la vida me ofreció una tercera oportunidad en la que pude sanar mi error de percepción y ver con los ojos del alma, ejercer mi visión espiritual y trascender la apariencia de los sentidos, afirmando de forma consciente la verdadera identidad de ellos cómo Seres Espirituales Divinos. Entonces todo se transformó.

La realidad no existe, la realidad sólo es un espejo que nos muestra lo que tenemos en nuestra mente, cambiando nuestra mente es cómo podemos influir y mejorar esa realidad.